Ser la pastelería y panadería preferida en el Valle de Toluca y México, reconocidos por la calidad de cada uno de nuestros productos, la calidez del servicio al cliente, la tradición de nuestros procesos de elaboración y el desarrollo humano de la empresa.
Poner en las mesas de las familias mexicanas productos de pastelería, panadería y repostería que generen memorias, tradición y conecten generaciones, ofreciendo calidad, innovación y satisfacción en cada bocado.
Hoy es tiempo de cambiar para mejorar, hacer todas las cosas excelentes; es tiempo de crecimiento empresarial, de construcción creativa para ir por lo mejor, lo excelso, lo superior, y agregar valor a cada una de las actividades que realizamos para transmitir la unión familiar y amistad que nos hace ser mejores personas, siguiendo los pasos que Dios nos ha marcado.
Lealtad
Responsabilidad
Compromiso
Honestidad
Calidad
Fe
Estamos comprometidos en elaborar productos de alta calidad que superen las expectativas de nuestros clientes. Nos enfocamos en la mejora continua de nuestros procesos, la formación de nuestro personal y el cumplimiento de los requisitos legales aplicables, buscando la excelencia y la sostenibilidad en nuestras actividades.
Rosa de Sarón Pastelerías está comprometida con la salud e integridad de cada uno de nuestros colaboradores, desarrollando la cultura y entorno de trabajo seguro, saludable y libre de riesgos mediante el reconocimiento, análisis, determinación y control de riesgos relacionados con el trabajo, siguiendo los principios de la prevención.
Todo comenzó en una cocina de Toluca, en los años 80, con el aroma de galletas y empanadas recién horneadas llenando la casa. Don Carlos Ramírez y su esposa, Rebeca Salas, convirtieron recetas heredadas de familia en el primer capítulo de una historia que aún no imaginaban tan grande: no buscaban fundar una marca, solo querían llevar algo delicioso a la mesa de su hogar.
Fueron sus tres hijos mayores quienes, al salir de la escuela, recorrían las calles vecinas ofreciendo pan recién horneado, todavía tibio entre las manos. Una tarde, Don Carlos los vio desde la ventana de su casa y supo que había llegado el momento de dar el siguiente paso. La familia no dudó: vendió todo lo que tenía —hasta la televisión— con tal de abrir su primer local.
Así nació el primer local de Rosa de Sarón: un pequeño espacio justo debajo del departamento donde vivía la familia. Bastaron pocos días para que el barrio entero se rindiera ante el sabor y el cuidado que Don Carlos y Rebeca ponían en cada pieza. Esa entrega, hecha con calma y con las manos, sigue siendo hoy la misma que nos distingue.
Don Carlos ya no está físicamente con nosotros, pero su legado sigue vivo en cada receta, en cada valor y en cada pieza que sale de nuestro horno. Hoy, más de 40 años después, seguimos honrando esa misma pasión: llevar a las familias mexicanas productos de calidad excepcional, para acompañar sus momentos de felicidad y unión, tal como el primer día.
